CATARATAS DEL IGUAZÚ: Todas las razones por las cuales el lado argentino es lo MÁXIMO

Actualizado: 18 jul


Como vieron en nuestro vlog de esta semana, en julio visitamos las Cataratas del Iguazu de lago argentino y brasileño.

(Si no lo han visto, acá se los dejo.)

Sin darnos cuenta planeamos nuestra visita a las cataratas durante las vacaciones escolares de invierno en Argentina y Brasil, y eso significó que ambos lados estaban atestados de turistas.

Al principio pensamos que tal vez solo iríamos solo al lado brasileño, por eso encontramos nuestro alojamiento de Airbnb en Foz do Iguaçu. Habíamos escuchado que el lado brasileño tenía las mejores vistas y como pensamos de una forma muy fotográfica, pensamos que con ir al lado brasileño iba a bastar.

Sin embargo, salimos del parque con sentimientos encontrados.

Eran bonitas las cataratas, sí ...Y las vistas maravillosas, pero nos sentimos decepcionados porque nuestra experiencia fue estresante e innecesariamente cansada.

El parque del lado brasileño parecía no tener la infraestructura u organización para recibir la cantidad de turistas que vimos, y sin embargo, nunca cerraron el parque.

Así que vimos a gente correr por el estrecho sendero al lado de la montaña, empujar a otro visitante para poder ver las cataratas mejor y tomarse una foto.

"Eso me pasa por ir a lugares turísticos," pensé.

Así que parte de mi ya no quería nada más con las cataratas, ni mucho menos pagar otra entrada a un parque que me iba ofrecer "lo mismo."

Incluso pensé en que le quitaría al video la parte donde digo que vamos a hacer una comparación en ambos lados para no tener que explicar por qué no fuimos al lado argentino.

Pero otra parte preguntaba, "¿y si nos damos otra oportunidad? ¿y si el lado argentino tiene una mejor experiencia?"

Fue así, que después de un día de descanso y planificación decidimos tomar el riesgo e ir a la parte argentina.

Nos levantamos temprano y tomamos el bus de la compañía Río Uruguay que hace el trayecto de Foz a la frontera con Argentina.

Después de cruzar el puente que tiene los colores de ambas banderas nos bajamos del colectivo para hacer el trámite migratorio de Argentina.

Al terminar podíamos decidir si queríamos seguir en ese mismo bus para llegar a Puerto Iguazú (así se llama el pueblo argentino) para luego tomar otro colectivo que llega al Parque Nacional o podíamos pagar un remis (taxi) que nos ahorraría el trayecto hacia Puerto Iguazú y nos llevaría directamente al Parque Nacional.


Esa opción nos gustó porque tuvimos la suerte de encontrarnos en la frontera a dos chicas que se quedaban en la misma posada que nosotros e iban al parque nacional por segunda vez (el parque argentino es tan grande que mucha gente lo visita 2 días seguidos - el segundo día tiene un descuento del 50%)

Pagamos 100 pesos argentinos por persona y compartimos el remis con ellas.

Desde la primera vista, el parque marcó la diferencia con su gemelo brasileño. No parecía un parque temático como en Brasil, sino que se veía más rústico. Había muchos grupos en la entrada, pero no filas, salvo las de comprar las entradas.

En la ventanilla nos llevamos la primera sorpresa, Minor iba a entrar gratis por ser una persona con discapacidad. Nos enteramos que en Argentina las personas con discapacidad sacan un certificado que pueden mostrar para entrar a parques nacionales y recibir descuentos en transporte y otros servicios.

(¿Es este un buen momento para entonar "Argentina! Argentina!"?)

Minor no tiene un certificado como tal porque en Costa Rica solo se hace un documento con esa información para buscar trabajo, no para acceder a servicios como en Argentina. Pero de haberlo tenido, yo (Vero) como acompañante hubiera entrado gratis también! Qué bien Argentina.

Notamos muchas familias en el parque. Desde niños hasta adultos mayores. Eso es resultado de la accesibilidad e inclusión del parque, ¡nadie se queda en casa!

Ya por tener los tiquetes en mano la entrada al parque fue rapidísima. Aquí no hicimos una fila de 2 horas como en Brasil, sino nada más entramos al parque y comenzamos a caminar. El día que fuimos había mucha gente. Seguro hasta más de la que había en Brasil. Escuchamos que para los que sí querían tomar el tren eléctrico hacia la Garganta del Diablo la espera era de más de 1 hora.

Lo bueno es que el parque argentino es tan grande que la gente tiene mucho espacio para repartirse, solo hay aglomeraciones en la estación del tren.

Por eso nos gustó.

Si nosotros, que lo visitamos bajo las peores condiciones (en temporada alta) logramos disfrutarlo, el parque en otras temporadas debe ser una belleza.

Primero se ve el rocío, luego se siente la frescura.

El rugir se escucha más fuerte.

Lo que vi al llegar a la Garganta del Diablo fue más impresionante de lo que pude imaginar cuando la vimos desde el lado brasileño.

La Garganta desde este lado se ve, se escucha, se siente.

Eso fue lo que más me impactó. Sentirla. Verla tan poderosa e imponente.

En ese momento, sentí una sensación de descargue. Mis pensamientos negativos y dudas fueron arrastrados por las corrientes de agua que caían con una feroz elegancia.

Me tomó por sorpresa esa sensación y me sentí profundamente conmovida. A pesar de estar en una plataforma llena de turistas, dejé que las lágrimas corrieran

La Garganta del Diablo me lavó, por completo.

En un momento me di cuenta que el agua que corría por debajo de la reja de la plataforma en su camino a la caída se veía del mismo gris que la alfombra de mi antiguo trabajo.

¿Cuántas veces no había visto yo mis zapatos sobre esa alfombra? Y ahora estaba ahí, en uno de los lugares más impresionantes que haya visto en mi vida a kilómetros de esa alfombra.

Entre muchas cosas que se precipitaron a la vez en mi cabeza, estuvieron la belleza, la incertidumbre constante del viaje, el miedo que aún sentía por haber renunciado a todo lo que tenía, y lo estúpido que todo esto sonaba frente al rugir del agua.

Sí, pensé en lo fugaz de todo. De cada momento, de cada gota de agua, de cada persona como yo que estaba en esa plataforma.

Creo que por eso lloré y fue bello.

Esta fue mi experiencia muy personal en el parque argentino, y aunque dudo que todos tengan ese ataque de emociones, que tampoco esperé que me sucediera a mi, el lado argentino sigue ofreciendo la mejor experiencia de las Cataratas del Iguazú.

Las pasarelas elevadas sobre el río permiten que uno pueda tener un contacto más cercano con la naturaleza. Las múltiples caídas del lado argentino (80% de las cataratas son territorio argentino) se pueden ver de lejos, de cerca, de arriba, de abajo, desde el bosque, desde el río, se pueden sentir, se pueden tocar!Es un parque que fue diseñado tomando en cuenta el contexto natural, histórico, y cultural y para ser disfrutado por todos.

Como hemos dicho varias veces, Argentina tiene el alma y el espíritu de las Cataratas del Iguazú y ¡por eso es lo máximo!

 

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